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«Debemos recibir a los rusos lo mejor posible»

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La Cruz : ¿Deberíamos ayudar a los rusos que quieren huir de su país?

Juan de Gliniasty (1): Lo primero que hay que hacer es dar la bienvenida a los rusos lo mejor posible. El debate sobre la visa en las últimas semanas ha sido surrealista. En su momento, la URSS bloqueó la salida de sus ciudadanos que querían huir del régimen –a excepción de unos pocos, los más visibles y estruendosos, a los que expulsó– y Occidente, por el contrario, hizo todo lo posible por acogerlos. Estamos hoy en un frente inverso. Rusia deja salir a sus nacionales, considerados hostiles o no aceptando la política del régimen, cuando la bloquea sus fronteras y se niega a acogerlos.

Así, la Unión Europea puso en tela de juicio el acuerdo sobre la facilitación de la expedición de visados ​​a rusos en vigor desde 2007, para volver al régimen anterior que era mucho más restrictivo. Para satisfacer a varios Estados, como Finlandia, Polonia o los países bálticos, que eran partidarios de un bloqueo total de visados, la decisión europea les deja margen de maniobra para endurecer aún más su política. Lo que Finlandia acaba de decidir. O, por el contrario, para acoger a personalidades culturales o científicas.

Hemos tomado medidas con razón para acoger a los refugiados ucranianos, la lógica dicta que hagamos los mismos esfuerzos para acoger a los rusos, aunque en términos de percepción pública esto parece menos obvio para recibir personas del país agresor.

¿Deberíamos, por tanto, anular esta decisión que acaba de ser aplicada por los Veintisiete?

J. de G.: No estoy seguro de que estas nuevas dificultades para obtener visados ​​sean muy disuasorias y bloqueen el flujo de salidas rusas. Desde el comienzo de la guerra en febrero, estamos presenciando una tercera ola de emigración rusa después de la de 1920 y que en el momento de la caída de la URSS. Circulan las más diversas figuras y algunas van y vienen. Al menos 200.000 personas (algunos dicen que 600.000) habrían dejado Rusia, principalmente a Armenia, Georgia, Turquía o incluso Dubai para los más ricos.

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En todos los aspectos, desde un punto de vista económico y cultural, es de interés de los países de Europa acoger a estas élites intelectuales y económicas, y todas estas personas generalmente muy educadas y muy europeizadas, algunas de las cuales se instalarán de forma sostenible. Esto hace que la prosperidad de los países esté al frente de la recepción que acabamos de mencionar. Incluso si –y sin duda será inevitable– algunos agentes del KGB o del FSB se entrometen en las filas de los refugiados, como temen algunos Estados.

¿Se arriesga Rusia a entorpecer la salida de sus nacionales tras la movilización decretada por Vladimir Putin el pasado 21 de septiembre?

J. de G.: Para los rusos, la posibilidad de viajar es el primer logro de la caída de la URSS, obtenido además de la perestroika de Gorbachov. Es incluso la primera libertad más simbólica para una población atrapada durante setenta años dentro de las fronteras de la Rusia soviética. Si el régimen actual pone fin a esto, no digo que no, entonces será una decisión muy difícil, un punto de inflexión importante que será muy mal aceptado por la opinión pública rusa.

¿No puede haber una distinción entre las 300.000 personas que se pueden movilizar y las demás?

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J. de G.: La enmienda al código penal aprobada hace dos días por la Duma, y ​​en proceso de ser adoptada por el Consejo de la Federación, endurece las penas para quienes sean considerados desertores y no acepten la movilización. En este contexto, ¿qué medidas es probable que Rusia tome contra ellos? Es probable que los aeropuertos tengan su ficha para interceptarlos, pero aún es pronto para decirlo.

Muchos reservistas ya recibieron su «pegatina», la hoja que los invita a acudir a su centro de movilización. Tras la oleada de salidas de los que se oponían a la guerra, desde el miércoles se ha producido una nueva oleada de los que se niegan a enrolarse en la bandera oa ir a luchar contra un país hermano. Los aviones están llenos. Los precios de los vuelos están por las nubes. Esto planteará problemas éticos y morales a los países europeos que no querrían acogerlos.

¿Podemos temer medidas de represalia por sus seres queridos?

J. de G.: Nada lo indica por el momento. Pero la situación puede empeorar. El curso de los acontecimientos en Rusia avanza constantemente hacia más autoritarismo y represión.

¿Podemos imaginar que Moscú quiere una movilización más masiva?

J. de G.: El poder ruso tomó nota de que esta movilización parcial fue muy mal aceptada. Vladimir Putin dudará en dar el paso hacia la movilización general. También buscó desmarcarse de esta decisión al decir que fue a pedido del Estado Mayor y del Ministro de Defensa. Nadie se deja engañar.

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Apasionado del running, vegano a los 25 años y comercial de la ropa, me incorporé al equipo de redacción de AltaVision.news en noviembre de 2021